viernes, 10 de abril de 2009

DULCE + ADA (MARIPOSAS REUNIDAS)

Dulce María Loynaz
"Soy una mujer del siglo pasado"

Primero de diciembre de 1990. A punto de cumplir 88 años y en su casa del Vedado capitalino, Dulce María Loynaz, Premio Nacional de Literatura 1987 y posteriormente Premio Cervantes 1992, accedió a recibir a una joven poeta, Ada Elba Pérez, que por esa época escribía, dirigía y conducía el programa "Seis + Uno", en Radio Metropolitana. ¿Motivo? Una no muy extensa entrevista para dicho programa que cada domingo, a las 2:30 de la tarde, salía al aire, casi siempre dedicado a alguna personalidad de la cultura cubana.
Por su valor testimonial, y como homenaje al aniversario 106 del nacimiento de Dulce María Loynaz, reproducimos por vez primera esta entrevista, a partir de la transcripción de la grabación original que se conserva en los archivos de la familia de Ada Elba.

—Ada Elba Pérez: Doctora Dulce María Loynaz, usted nació el 10 de diciembre de 1903, es decir, que el próximo 10 de diciembre cumplirá 87 años, ¿no?
—Dulce María Loynaz: No, 88
—Ada Elba Pérez: ¡Ah, 88 años!...
—Dulce María Loynaz: …Porque no nací en el tres sino en el dos.
—Ada Elba Pérez: Entonces, está incorrecta la fecha en el Diccionario de la Literatura Cubana.
—Dulce María Loynaz: No tiene importancia un año más o menos, ¡cuando ya son tantos!
—Ada Elba Pérez: Usted estudió en su propio hogar con profesores particulares, al igual que sus hermanos.
—Dulce María Loynaz: Sí, estudié, al igual que mis hermanos, en mi propio hogar de cuantas cosas se podían estudiar en la casa. Algunas veces, sobre todo cuando ya fue la carrera universitaria, para algunas asignaturas tuve que ir allá.
—Ada Elba Pérez: A pesar de esto, ¿puede considerarse que su formación cultural es autodidacta?
—Dulce María Loynaz: No, autodidacta no, porque autodidacta es el que aprende solo, y yo sola no aprendí, aprendí con buenos maestros, con buenos profesores.
—Ada Elba Pérez: ¿Cuándo inició su carrera literaria?
—Dulce María Loynaz: Ah, eso sí que es muy difícil. ¿Cuándo sabe uno cuando abre una rosa, en qué momento abre una rosa? ¿Usted lo puede decir? Bueno, pues yo tampoco.
—Ada Elba Pérez: ¿No recuerda cuándo escribió sus primeros poemas tampoco?
—Dulce María Loynaz: No lo recuerdo.
—Ada Elba Pérez: ¿Cómo recuerda a su padre, el General mambí Enrique Loynaz del Castillo?
—Dulce María Loynaz: Bueno, ahora acaba de editarse un libro en que él recoge sus memorias, memorias de la guerra, que es un libro muy interesante que deberían leer todos los jóvenes para que vean lo que es una vida de sacrificios y de gloria.
—Ada Elba Pérez: ¿Su padre influyó en su orientación literaria?
—Dulce María Loynaz: No, en absoluto.
—Ada Elba Pérez: En 1920, cuando usted tiene 17 años, viaja a Estados Unidos y a partir de entonces realiza un extenso recorrido por Europa y otros países del mundo. ¿En qué medida estos viajes influyeron en su desarrollo intelectual?
—Dulce María Loynaz: No, porque yo propiamente iba como turista, iba como viajera curiosa, no iba a compartir ideas ni programas propiamente ajustados. No, yo iba como una turista corriente, no iba con mis ideas.
—Ada Elba Pérez: Pero esas influencias, esas vivencias, esas experiencias influyeron…
—Dulce María Loynaz: Bueno, cuando viajé a Egipto me impresionó mucho la noche que pasé en la antigua ciudad de Tebas, que hoy se llama Luxor, allí estaba la tumba, allí descubrí la tumba de Tutankamen, y eso me impresionó mucho, y esa noche no pude dormir y empleé el insomnio en escribir la "Carta de amor a Tutankamen", que anda por ahí, no sé si todavía exista.
—Ada Elba Pérez: Su poesía es intensa, lírica y muy humana. Salvador Bueno en su Estudio de la Literatura Cubana plantea que su poesía se caracteriza por la sencillez y la intimidad. ¿Cómo caracteriza usted su propia poesía?
—Dulce María Loynaz: Bueno, los críticos son los que deben caracterizarla, no el que la hace, porque eso sería una opinión, digamos con una palabra de moda, mediatizada, mediatizada por el propio autor.
—Ada Elba Pérez: ¿Qué poetas le han sido más afines? ¿Con cuáles usted se identificó más?

—Dulce María Loynaz: Eso es por épocas. Por ejemplo, los poetas que más a mí me impresionaron fueron Julián del Casal y Gustavo Adolfo Bécquer. Son los poetas que más influyeron en mis primeros pasos. Después me gustaron los clásicos españoles. Después de los clásicos españoles me fui a Francia, los poetas franceses, tan finos, tan delicados, me dejaron huellas. Y la última influencia que reconozco, la última que pasó porque ya no reconozco ninguna, y piensa que yo dejé de hacer versos hace más de treinta años, porque yo entiendo que solamente los jóvenes deben hacer versos. Yo no he dejado de escribir, yo sigo escribiendo, escribo como Directora de la Academia, y a cada momento tengo que hacer un estudio sobre determinado tema literario, pero versos no. Después de los sesenta años no se deben hacer versos. Es una ridiculez hacerlos.
Así que bueno, le decía que los poetas orientales, Rabindranath Tagore , Saadi, Omar Khayyam, todos esos poetas influyeron quizás en mí. Aunque me parece que no me influyeron tanto, que yo más bien los admiraba.
—Ada Elba Pérez: ¿Entonces usted sigue trabajando todavía incluso a pesar de su edad y de su estado de salud?
—Dulce María Loynaz: Yo tengo que seguir trabajando porque soy la Directora de la Academia y como no me quieren aceptar la renuncia que cuarenta veces les he presentado, tengo que seguir trabajando hasta que me dejen descansar.
—Ada Elba Pérez: Usted fue electa miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras en 1951; de la Academia Cubana de la Lengua en 1959 y de la Real Academia de la Lengua Española en 1968. Su poesía ha tenido resonancia internacional, sin embargo su labor ha sido omitida por varios antologadores y ha sufrido, a nuestro modo de ver, un olvido sistemático. ¿Usted está de acuerdo con esto?
—Dulce María Loynaz: Completamente. Me gusta mucho la palabra 'sistemático' que usted ha empleado. Muy aguda.
—Ada Elba Pérez: ¿Y a qué usted atribuye eso?
—Dulce María Loynaz: Vamos a no meternos en honduras.
—Ada Elba Pérez: Muy bien. ¿Qué puede decirme de la nueva poesía cubana? ¿Ha leído a los jóvenes poetas cubanos?
—Dulce María Loynaz: Bueno, yo estoy muy mal de la vista hace años, y si he de cansar mi vista en leer poesía, espero que alguien me la recomiende, y entonces la leo. Pero de primera intención no he leído a nadie.
—Ada Elba Pérez: ¿Qué es para usted el hecho poético? ¿Cómo definiría el hecho poético?
—Dulce María Loynaz: Bueno, ¿cómo define usted una rosa?
—Ada Elba Pérez: Como una cosa maravillosa que conmueve
—Dulce María Loynaz: Bueno, pues eso mismo.
—Ada Elba Pérez: ¿Y para usted qué es la belleza? ¿Igualmente una rosa?
—Dulce María Loynaz: La belleza puede tener muchas formas, incluso hay cosas que se dicen que son feas y dentro de la fealdad tienen cosas maravillosas. Por ejemplo, el arte chino está concebido, como decía mi madre, con elementos feos, con dragones, con monstruos, y sin embargo, difícilmente haya un arte más bello en el mundo que el arte chino.
—Ada Elba Pérez: ¿Tuvo algún anhelo que no pudo alcanzar?
—Dulce María Loynaz: Todos, porque los que he alcanzado no eran lo que yo quería.
—Ada Elba Pérez: ¿Qué piensa de la fama? ¿Alguna vez usted anheló la fama?
—Dulce María Loynaz: No, da mucho trabajo, y hay que tratar a mucha gente pesada.
—Ada Elba Pérez: ¿Está satisfecha con su obra?
—Dulce María Loynaz: No estoy satisfecha porque no me dejan trabajar. Yo todavía tengo que escribir dos libros, empezados ya, pero me parece que a este paso no los voy a terminar porque soy ya muy vieja y constantemente me están ocupando en esto, en lo otro, en aquello y… no me dejan trabajar. Y ya yo trabajo muy lento, porque, ¿ves?, todas estas cosas modernas yo no las entiendo. Yo soy una mujer del siglo pasado, aunque nací en este, mis gustos y mi temperamento son siglo XIX. No me adapto a nada moderno. Yo no utilizo grabadoras, ni computadoras, ni sé en qué consisten. Para mí son misterios más grandes que los del antiguo Egipto. Así que por esa razón pienso que me voy a quedar sin terminar mis obras, porque casi sin ver y como estoy, tengo que escribir con una letra enorme para poderla ver, tengo que escribir con plumón una letra muy grande. Y no puedo usar grabadoras, ni máquinas de escribir, ni ninguna cosa de esas. Entonces, si no me dejan, no me dan tiempo, se quedará todo por hacer.
—Ada Elba Pérez: ¿Qué libros son esos en los que está trabajando?
—Dulce María Loynaz: Mire, uno es un libro muy serio, es la historia del Vedado. Porque al Vedado yo lo vi nacer. Y es una historia muy interesante, hecha desde los inicios del Vedado que yo conocí, porque además tengo una gran memoria. Por ejemplo, me acuerdo cuando la calle Calzada del Vedado era efectivamente una calzada porque era de tierra, no tenía nada a los lados, nada más que casitas de madera, insignificantes. En fin, todas estas cosas que son muy interesantes para quien no las vio o tenga algún interés por cosas del país.
—Ada Elba Pérez: Usted debía tratar de auxiliarse para esos libros, para que pudiera realizar su trabajo, porque la información que usted tiene, la cultura que usted tiene, no la tiene todo el mundo.
—Dulce María Loynaz: Yo tengo una información muy grande porque tengo mucha memoria, pero ya no puedo, por falta de vista, no puedo consultar archivos, no puedo consultarlos, y tengo que hacerlo todo en mi memoria.
—Ada Elba Pérez: Necesita entonces alguien que la ayude, o algo…
—Dulce María Loynaz: Sí, pero no lo tengo. Y como soy una mujer vieja, soy una mujer malgeniosa, así que no es probable que alguien se adapte a mí, ni yo a nadie.
—Ada Elba Pérez: Dulce María, nosotros le agradecemos muchísimo que nos haya dedicado un poquito de su valioso tiempo para este programa. Así que muchas gracias
—Dulce María Loynaz: Bueno, muy agradecida siempre a la juventud que se ocupa de la vejez.

*Tomado de Radio Ciudad de La Habana


martes, 7 de abril de 2009

POEMAS HABANEROS - CASA DE LOS CONDES DE JARUCO


A la casa de los Condes de Jaruco
para Manuel Díaz Martínez


La casa de los Condes de Jaruco,
testigo de esplendores coloniales
empañados, duplica en sus vitrales
las curvas de la piedra y del estuco.

Con vastas espirales el bejuco
ha cubierto columnas, capiteles,
hojas de acanto, rígidos laureles
y blasones de un oro ya caduco.

No invoques a los dioses cejijuntos
para que alcen burlonas sus caretas
y aparezcan de nuevo los conjuntos
habaneros. Llorando en sus macetas
las arecas están; los mediopuntos
apagan su reflejo en las losetas.
Severo Sarduy (8.IX.87, París)

POEMAS HABANEROS - EL POETA DE BRONCE


El poeta de bronce


Roto, dividido,
ciego, confundido,
paseo por el Prado
llevando de la mano
uno de los leones de bronce
que se limitan a ver pasar.
Como es de bronce, es dócil
este león de Nemea.
Si fuera de carne y huesos
ya me hubiera devorado.
Pero un león de bronce
jamás abre las fauces.
Con esfuerzo lo arrastro
-- el bronce no camina --
y moribundo llego
hasta el poeta de bronce
que en sus manos sostiene
un libro también de bronce.
Por ser de bronce
no le es posible hablar,
ni mover la cabeza
por el mismo motivo,
ni mirarme a los ojos
porque el bronce no mira.
Y no obstante conoce
que hasta allí me he arrastrado
para implorar de su inmortalidad
el secreto de su inmovilidad,
y me dice en el lenguaje de bronce
-- funerario lenguaje de los poetas muertos --
que mi carne le entregue a ese león de bronce,
y que el león mi alma con su bronce reviste.
El poeta presencia la mutación insigne:
me moviliza el bronce y la fiera se anima.
Siento que Prado abajo carnicero me alejo,
y al mismo tiempo siento que eternamente verde,
voy a ser para siempre un león en el Prado,
arrogante, irrisorio, sobre mi pedestal,
esperando que pase un poeta inquietante
que ha tenido el designio asombroso
de llevarme a morir
a los pies inmortales del poeta de bronce.

1978
Virgilio Piñera (Una broma colosal )


ALGUNOS DATOS

Monumento a Juan Clemente Zenea (Tomado de habanaradio.cu)


Comienza el Paseo del Prado, a pocos metros del Malecón habanero, con una estatua de bronce sobre mármol blanco, dedicada al poeta y revolucionario cubano Juan Clemente Zenea.
La figura del poeta aparece en tamaño normal y sentado, mientras a su lado se levanta la efigie en mármol de una mujer desnuda con una lira en la mano, que representa la inspiración poética.
En la parte posterior del monumento se destacan grabados los versos A una golondrina, de la inspiración de Zenea.

Este conjunto monumentario fue inaugurado en la segunda década del siglo XX por el escultor español Manuel Mateo, a iniciativa de la hija el poeta, Piedad Zenea de Bobadilla.
El poeta, periodista y maestro Juan Clemente Zenea nació en Bayamo en 1832, conspiró contra el gobierno español, fue condenado a muerte y luego amnistiado, al comienzo de la guerra de 1868 se asiló en los Estados Unidos.
Dos años después viajó clandestinamente a Cuba, fue detenido por una columna española , y tras ocho meses de prisión fue fusilado en la fortaleza de La Cabaña el 25 de agosto de 1871.



lunes, 30 de marzo de 2009

LA CASA DE LA CASCADA

La "Casa de la Cascada" o casa Kaufmann es uno de los hitos principales de la arquitectura del siglo XX. En ingles Fallingwater indiscutiblemente es la obra maestra de Frank Lloyd Wright, aspecto este en el coinciden muchos historiadores y críticos de arquitectura.
Situada en Bear Run, Pensilvania (Estados Unidos) fue terminada en 1939. Diseñada entre 1934-1935 y construida durante 1936-1937, Fallingwater fue la casa de campo para Edgar Kaufmann, su esposa Liliane y su hijo Edgar Jr., dueños de unos grandes almacenes en Pittsburgh. Hoy en día Fallingwater es un monumento nacional en Estados Unidos que funciona como museo y pertenece al Western Pennsylvania Conservancy (Centro de conservación de Pensilvania Oeste)
Frank Lloyd Wright (1876-1959) es considerado como el mejor arquitecto estadounidense, y a su vez, la "casa de la cascada" es frecuentemente llamada "la residencia más famosa que se haya construido", la AIA (American Institute of Architects) la ha juzgado como "el mejor trabajo de un arquitecto estadounidense".
Siguiendo los principios de " Arquitectura orgánica " enfatizados y desarrollados por Wright en su escuela y estudio Taliesin, Fallingwater es uno de los mejores logrados y mas destacados. Básicamente consiste en integrar en una unidad (edificación) los factores ambientales del lugar, uso y función, materiales nativos, el proceso de construcción y el ser humano o cliente. Existen varias anécdotas sobre la construcción de Fallingwater; la localización preferida de los Kaufmann en su finca de verano estaba situada frente a la cascada formada por el riachuelo "Bear Run". Después de un par de visitas al lugar, proponer y ser aceptada la construcción sobre la cascada, y nueve meses "sin tocar un lápiz", Frank Lloyd Wright "germinó" el proyecto en su cabeza.
Cuando Edgar Kaufmann anuncio su visita a Taliesin (septiembre de 1935), Wright se sentó y dibujo el primer boceto de la casa y los planos se desarrollaron en pocas horas. Wright le comento a Kaufmann "...diseñada para la música de la cascada...para quien le gusta oírla". Hoy en día el sonido de la cascada se percibe desde cualquier lugar de la casa.
Los Kaufmann compraron una parcela boscosa fuera de Pittsburgh con una cascada del arroyo del Oso y algunas cabañas de madera. Cuando las cabañas de su finca se deterioraron tanto que tuvieron que ser reconstruidas, el señor Kaufmann entró en contacto con Wright. Inicialmente, los Kaufmann asumieron que Wright diseñaría una casa con vistas a la cascada.
Frank Lloyd Wright pidió un estudio topográfico del área alrededor de la cascada, que fue realizado por la Compañía Fayette Engineering de Uniontown, e incluyó todas las rocas, árboles y curvas de nivel. Posteriormente, Wright creó un nuevo mapa en que precisaba el diámetro de los troncos de los árboles y la especie a la que pertenecían. Cuando Wright comunicó que la casa iba a estar sobre la cascada la familia se negó en un primer momento, aunque después el arquitecto les convenció de que esa era la mejor opción. La Casa de la Cascada se convirtió en la casa de los fines de semana para la familia desde 1937 a 1963. Cuando el matrimonio Kaufmann murió, el hijo vendió la Casa de la Cascada a la Fundación Frank Lloyd Wright porque se vio incapaz de afrontar los elevados impuestos que el edificio imponía. Desde 1964, año en que se abrió al público, la Casa de la Cascada ha recibido casi cuatro millones de visitas (datos de julio de 2006).





El terreno en el que se ubica la casa tiene abundancia de rocas a nivel del suelo, las cuales sirvieron de cimentación del edificio. La zona tiene un relieve ligeramente accidentado, un bosque de árboles caducifolios que se mantiene prácticamente virgen ya que solo un camino peatonal conduce a la casa, y el arroyo del Oso, en el cual está la cascada de la casa. Del terreno del lugar se extrajeron rocas que conforman mamposterías de la parte baja de las fachadas del edificio, colocadas en ese lugar para crear una progresión desde la roca natural del suelo hasta el hormigón de las partes altas. El resto de las fachadas es de color crema, color contrastante con el entorno verde o marrón (según la estación). Otro elemento contrastante de la casa son las formas ortogonales que tienen los voladizos y las paredes, imponiéndose así la casa como "arquitectura".
El edificio guarda una relación con el entorno que llega a ser de respeto o adaptación al medio. Así, los cimientos de la casa son las rocas del lugar, y algunas de ellas sobrepasan el ancho forjado de la primera planta asomándose junto a la chimenea. Gran parte de la casa está en voladizo, situado encima del arroyo. La casa, de dos plantas, se extiende horizontalmente con prominentes voladizos y terrazas, sin embargo hay un núcleo que crece verticalmente, en el que está la chimenea. Tiene unas ventanas que se extienden verticalmente y que pasan de una planta a otra, mostrando así los forjados. Éste núcleo vertical es el "corazón" de la Casa de la Cascada.
En la cara norte de la casa, la opuesta a la que "vuela" sobre el arroyo, hay una serie de pérgolas a modo de toldo que transcurren desde la pared exterior hasta un talud de piedra que se eleva sobre el camino que conduce a la entrada. A este sitio se le conoce como el "bosque de la casa". Dos pérgolas describen un arco que esquiva el tronco de dos árboles. Este recurso lo usó Wright para dejar claro el respeto a la naturaleza con el que está diseñada la casa. Las sombras que proyectan las pérgolas se asemejan a las de los troncos, efecto que hace que la sombra de la casa se difumine en las de los árboles. En el suelo de la terraza del despacho del señor Kaufmann se dejó dos huecos para que fuera traspasada por dos árboles. Éstos se murieron durante la construcción de la vivienda y no se llevaron a cabo dichas aberturas.
Al parecer E.J. Kaufmann desconfió del cálculo estructural de Wright y secretamente aumentó acero en la estructura, lo que motivó la ira del arquitecto quien le recriminó su falta de confianza. Sin embargo, Wright se equivocó en el cálculo estructural. Gracias a ese acero extra los voladizos no colapsaron, sin embargo ya en los años 90 se observaba una deflexión de hasta 20 cm. Trabajos de postensado en el 2001 lograron estabilizar la estructura, pero costaron 11,5 millones de dólares, unas 100 veces el costo original de la casa.
En el interior de la Casa de la Cascada encontramos habitaciones singulares por su distribución, ubicación y acabados. Al entrar en la casa por principal, situada en la cara norte, accedemos a una pequeña habitación con función de recibidor ubicada bajo las escaleras que conducen a la segunda planta. Pasada dicha habitación se entra en la sala de estar, el habitáculo más grande de la casa desde el que se divisan unas vistas espléndidas del bosque que rodea la vivienda. Al entrar, frente por frente está el llamado "rincón de la música", cuya etimología se desconoce, a la derecha está la zona con sofás y detrás del "rincón de la música" está la "escalera del agua", llamada así porque baja a una pequeña plataforma que está junto al arroyo. Para bajar por ésta es necesario abrir unas mamparas correderas de vidrio. Los escalones de la "escalera del agua" están colgados de unos cables en tracción unidos al primer forjado.


Las paredes de la sala de estar, al igual que las del resto de la casa, son iguales que las de fuera, con partes de mampostería de piedra del lugar. El suelo es de piedra marrón y el techo tiene un diseño que envuelve a las lámparas incluidas en el mismo, diseñadas expresamente para esta casa. Según se entra al comedor, a mano derecha, está la chimenea, rodeada de piedras naturales que afloran del suelo. A su izquierda está la "bola del vino", un contenedor rojo circular provisto de una bisagra que posibilita colocarlo sobre el fuego para calentar la bebida que contiene. A ambos lados de la habitación hay una puerta que conduce a una terraza. La del lado este tiene a su vez una escalera exterior que lleva a la terraza del dormitorio del hijo de los Kaufmann. A la izquierda de la chimenea está la puerta que conduce a la cocina, una habitación más pequeña que la sala de estar con muebles diseñados por Wright y exclusivos para esta casa, al igual que sucede con el resto de mobiliario de la vivienda. Entre la puerta de la cocina y la escalera está la mesa para comer, empotrada a la pared norte de la sala de estar.
En la segunda planta hay dos dormitorios, dos cuartos de baño y el despacho del señor Kaufmann, así como tres terrazas y las escaleras que conducen al mirador de la tercera planta. Según se accede a esta planta se entra en un pequeño pasillo que distribuye las dependencias. El dormitorio del hijo Kaufmann está sobre el "rincón de la música" de la primera planta, el cual tiene un pequeño cuarto de baño. Al este de este dormitorio está la terraza individual del hijo, en la que hay una escalera exterior que baja a la primera planta. Sobre la zona de sillones de la sala de estar está el dormitorio del matrimonio, el cual cuenta con un pequeño cuarto de baño y una extensa terraza que se extiende en voladizo en dirección sur. En la parte oeste de la segunda planta está el despacho del señor Kaufmann. En esta habitación hay una cama y una escalera que conduce al mirador que hay sobre la segunda planta. La chimenea asoma tanto en el dormitorio del matrimonio como en el despacho. En esta última habitación está la ventana acristalada corrida que se prolonga hasta la cocina. En la pared oeste del estudio hay una puerta que lleva a la terraza del mismo, en la que originariamente había dos árboles que atravesaban el forjado.


domingo, 29 de marzo de 2009

HIJA DE LA DECIMA

para mi prima Carmita



Cuando hace algún tiempo te escribí un extenso poema, que hablada de ciertos hilos invisibles que nos atan, que nos unen en una dimensión desconocida, trataba de dejar plasmado esa suerte que nos brinda el destino de compartir tantas cosas, desde la existencia al unísono hasta los apellidos, el pueblo, la pasión. Tal vez por ser la mayor de tantos primos que nos criamos como hermanos, te miramos siempre como la guía de todos nuestros juegos y nuestras inocencias. Por eso cuando en tu casa descubrí los libros de Marti, de Neruda, y otros tantos, que eran de tu padre, aprendí del tesoro que guardaban aquellas páginas vigiladas por la estática mirada de un dragón azul.



En el patio donde el ciruelo se empeñaba en hacernos compañía, pasamos toda la infancia, devoradores de pan con aceite, y alguna limonada que ya nunca mas ha vuelto a ser la misma, no tanto por el jugo de los limones criollos recogidos por nosotros mismos, como por la frescura de las tardes bajo la tierna mirada de una abuela de luz, y dos hadas madrinas que estaban presentes siempre, una con su sombrilla y la otra atenta al café, una blanca y la otra negra, iguales para todos.



Siempre recuerdo aquella calle de nuestra niñez, aquella casa, la puerta enganchada y cuando dejaban el litro de leche, y la viejita aquella que quería que yo le trajera un puñadito de tierra, no recuerdo ya si de Pinar del Río, o si de alguna otra parte. Cuantas horas dedicadas a crecer nada mas, a ser felices, teniendo cerca a esos seres que lo dieron todo por nosotros, y ya no están. Tal vez tu visión, por ser mayor, no sea exactamente igual a la mía. Seguramente distorsiono instantes, confundo fechas, exagero. Pero te seguíamos, inconcientes, si decías que algún libro valía la pena, si Serrat, si Silvio. Cuando años mas tarde choque de golpe con tu libro de Benedetti, aquel donde conocimos de "táctica y estrategia" y otros tantos poemas clásicos hoy, insustituibles. El mismo libro que de ir y volver de librero en librero, olvido de donde procedía. Mas tarde Tagore y su "Ofrenda Lirica" y así sucesivamente, desde la mancha de Chaplin en la pared hasta la ultima décima improvisada por Valiente.



Cuantos dominós y cubiletes, cuantas comidas, cuantas anécdotas. Llegar a tu casa siempre fue llegar a la mía. Nunca me sentí extraño en aquel mundo. El ángel de la felicidad de aquel hogar fue sin lugar a dudas tu madre, nuestra querida Mima, que supo ser feliz por fuera y para todos. Que con su carácter noble y explosivo, sacaba estrellas de la maquina de coser y sabia el secreto de los tamales. Le brotaba el isleño del corazón. Por eso nunca dudamos cuando un día nos preguntaron ¿Quién ustedes creen que debe ser la primera en ir a Canarias? Heredera natural de la cabeza de la familia desde el día que nos falto la abuela.



Pero no recuerdo estas cosas con tristeza. Fuimos privilegiados y hemos aprendido a dar amor a nuestros hijos, transmitirles lo mismo que nos dieron a nosotros. La vida finalmente nos encamino a cada cual, tal vez nos hizo trampas el destino. Un día te vimos aparecer con otra mitad, algunos les llamábamos el once, peculiar manera de ponernos nombretes, pero llenos de ternura, así tuvimos a las dos urracas, un mango filipino, un culo bajito y otros que ahora no recuerdo. Pero también te di mi apoyo incondicional el día que supiste decir basta, y no quedarte como rama herida secándote y marchitándote en soledad, como hicieron algunas de nuestras mas queridas tías, la vida a veces hay que obligarla un poco, a que se amolde a nuestra felicidad, a satisfacer los deseos imprevistos de nuestros corazones.



Bueno, a veces estas cosas andan atascadas en nuestras almas, hay que sacarlas, dejar el sitio libre a nuevas vivencias. Andar lejos de todos, de todo aquello, me hace a falta de tener a mano aquella realidad, construírmela con palabras, tapizadas por nuestros mas sinceros sentimientos. Y allí, siempre estas tu, le elegida, la preferida de todos, mi prima mas poética, la que nació del verso de una décima improvisada que germino en flor, único tesoro que conservo tu madre de lo que fue su silente y mas puro amor.



Febrero 09


domingo, 8 de marzo de 2009

VIAJAR CON LA MUSICA (A GISELLE Y THOMAS)


Dicen que cuando vemos una estrella fugaz desplazarse en el cielo, que apenas dura un instante el flash de su centellear, hay que pedir un deseo. Las estrellas, que son todos aquellos cuerpos celestes (a excepción de la luna) que brillan en la noche, o incluso en el día, pues el sol es un típico ejemplo de una estrella. Pues he comenzado hablando de astros luminosos pues generalmente viajo al mundo incandescente de estos cuando escucho la música de Giselle y Thomas. Sin pretender endosarlos en un estilo predeterminado, me traen recuerdos del barroco, del romanticismo clásico, hasta ciertos giros de música electroacústica contemporánea. Así como la composición de las atmósferas estelares se determinan por un análisis espectroscópico de la luz que emiten. Puedo medir la sensibilidad de esta obra, a través de los hondos sentimientos que provoca escucharlos y cuan profundo cavan en nuestros corazones. Si también suelen nombrar a los grandes artistas con el nombre de estrellas, estos lo son no por descollantes, sino por su talento, por el brillo de su propia luz.



Pero no solo me emiten a estos lejanos y maravillosos mundos (inalcanzables sin su música). También en lugares más comunes a los hombres en este planeta, como a un bosque, al verdor vivo de las plantas, al naranja marchito de los otoños, o al blanco pálido de los inviernos. Viajaría por toda la gama de incontables paisajes y colores en cada uno de sus temas. "A walk in the garden" nos lleva de viaje por ese mundo maravilloso de los jardines, las flores, las piedras, los insectos, el viento, las gotas de rocío, mirándolo como un transeúnte que penetra en el a vista de hormiga, y no nos quedamos en estos pocos minutos en el jardín en si, podemos subir, a la copa mas alta de los árboles, y como pájaros sobrevolar el verde, tocar el horizonte.


Pero hay otra dimensión en alas de la música, cuando son puramente espirituales los sentimientos que evocan. Así los temas dedicados a los abuelos y ancianos cercanos, tocan la ternura inmediata que toda persona muy mayor emite, así como la grandeza de su sabiduría y experiencia. "Nostalgia" y "Mass por Maria" son dos temas que muy profundamente captan el instante de estos ancianos, y sirven como un alivio melódico al sin remedio bello y cruel que es la vejez. Otro ejemplo de esto lo encontramos en "Sonata for Juan Pablo II" donde además hay otros ingredientes, como son el respeto y el amor a lo que significa su santidad para una persona que abraza el ideal cristiano y deposita como perlas de un Rosario sus dedos sobre el piano, para con la belleza de la música rendir homenaje con lo mas puro de su amor. Entonces vemos al hombre caminar solitario, en un encuentro a su vez con su mayor sentimiento hacia Dios, reflexionando de su labor en esta tierra, de su inconformidad plena con sus actos y su alma toda bondad, expuesta a la paz y la luz.


Por algún momento he tocado el mar, un mundo de aguas, transparente, húmedo, cristales y espejos que apagan los ruidos del mundo. Azul profundidad donde vuelven a encontrarse nuestros sentimientos, los recuerdos, y aparecen entonces bajo el mar otros jardines, otras luces, otros seres de amor y luz. Que al final son los mismos. Y pasa una luz brillante por el cielo, o por su reflejo, que a estas alturas no es reconocible la realidad. El amor de tan puro hiere. La luz de tan brillante quema. Pido un deseo al apagarse esta música fugaz, escribo esto que empieza hablando de las estrellas a donde suelo viajar muy a menudo, cuando escucho la música maravillosa de Giselle y Thomas.


Febrero '09





lunes, 2 de marzo de 2009

OTHONIEL RODRIGUEZ, PIANOMAN Y AMIGO

Cuando Othoniel se sienta frente al piano, y comienza a tocar es como si el mundo se detuviera en ese instante y todo ocurriese al compás de la música que producen sus dedos sobre el teclado, impulsados no solo por las ordenes naturales que dicta su cerebro, mas bien pareciera que sus dedos como marionetas los mueve directamente el corazón.


Este amigo entrañable, Ariguanabense sin par y con orgullo, nos regala en sus conciertos su alma convertida en manantial, en ojo de agua de su tierra, y fluye la música como un río, que atraviesa caprichoso nuestras vidas y nuestros sentimientos, hasta ir a sucumbir en un sumidero de silencio, cuando la ultima tecla ha golpeado dentro del piano a las afinadas cuerdas y el eco vibrante de la ultima nota ondea en el aire.


Su paso por los conservatorios de música "Castillo" "Amadeo Roldán" o "Ignacio Cervantes". Mas las clases de perfeccionamiento con los profesores Sylvia Turk, Fayna Braginskaaia y Manuel Suárez, son la formación de este peculiar músico Cubano. Coincidió con personalidades de la talla del escritor Alejo Carpentier, el concertista Cecilio Tieles, la compositora y pianista María Cervantes (hija del genial Ignacio Cervantes) y el compositor e intérprete César Portillo de la Luz, quienes al apreciar las singulares características del joven pianista le aconsejaron que se especializara en la música cubana.


Presentándose en los mas importantes auditorios de Cuba, donde mereció célebres galardones, como la medalla del "75 Aniversario del Palacio de las Bellas Artes", y la distinción 'Adolfo Guzmán', por su aporte al desarrollo cultural de la ciudad de La Habana. Realizar grabaciones en programas de televisión, como solista y como acompañante de las más trascendentes figuras de la música cubana, le han hecho poseedor de una exquisita sensibilidad interpretativa, incluyendo en su repertorio un amplio diapasón que va desde la llamada música culta (o clásica) hasta la música popular.


En 1994 Othoniel llegó a Tenerife invitado para la conmemoración del nacimiento de Ernesto Lecuona. En poco tiempo su talento interpretativo fue conocido y reconocido en todo el Archipiélago, casi todos los escenarios de la isla se han rendido ante la música de Othoniel, y desde las atlánticas afortunadas viaja a la península para llevar su arte a otros rincones de la madre patria, siguiendo por diversos países de Europa. En 2002 actuó en Bruselas (Bélgica), Berlín (Alemania), Navarra y Madrid, dentro de los actos conmemorativos del centenario del natalicio de la escritora cubana Dulce María Loynaz, y en la celebración del Día de Canarias en el Parlamento Europeo. En 2004 presentó con gran éxito en la isla de La Gomera su proyecto 'Plataforma Cultural del Atlántico'. Al año siguiente fue contratado para un ciclo de conciertos a bordo de un crucero por el Mediterráneo, que le permitió conocer ciudades como Génova (Italia) y Casa Blanca (Marruecos).


Coincidir en el mismo lugar, en los mismos años, cuando de algún modo la soledad y la nostalgia nos golpean, nos brindo su mano mágica de amigo, que así como es capaz de reproducir las mas hermosas melodías con ellas, también nos las ofreció abiertas, inmensas, llenas de una música tal vez silente, pero desbordantes de calor y sincera amistad. Y no es casual que años atrás, el mismo ser actuara de la misma manera con otras personas que tuvieron el privilegio de conocerle, y ya me lo habían descrito desde el día que me recomendaron encontrarlo en ese maravilloso rincón del universo que nos deparo el destino. Nuestro encuentro, memorable, que desde el mismísimo instante nos regalo su espíritu, su bondad y su alegría. Tenerife fue el escenario de fondo para nuestra amistad, isla de una particular belleza donde las noches del Botánico o casa Ábaco, ponen una peculiar banda sonora a tanta inmensidad.



Hace poco volvimos a reencontrarnos del otro lado del atlántico, cuando viajo hasta la Florida (Estados Unidos) para ofrecer un concierto en el Auditorio Wolfson, del Miami Dade College, dentro de una delegación del Gobierno de Canarias.


Las mejores palabras sobre Othoniel están escritas en las teclas del piano, sus dedos magistralmente saben convertirlas en arte. Con el espíritu de Lecuona, de Chopin, de Cervantes o de Saumel, mas la siempre presencia de esa alma inagotable de Dulce Maria Loynaz, va este artista genial dejándonos lo mejor de si, poniendo música a nuestras vidas, en el espejo del ayer o en las ventanas del mañana.



Onelio Pérez


Febrero'09



Más sobre Othoniel Rodríguez en http://alpianoothoniel.com/



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