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sábado, 16 de noviembre de 2019

REGRESO DE GASTON BAQUERO A LA CIUDAD


Soy en tu olvido una isla invisible

-Gaston Baquero-

Hola querida, ciudad
he vuelto, después de tanto tiempo
de sobra sabes que mis pies venían solos
que mis ojos te miraban desde lejos
que mis poemas viajaban siempre hasta ti,
pero motivos de fuerza mayor
no dejaban venir con ellos esta carne
este disfraz que visto
el mismo que estrene en tus calles
un poco mas viejo y cansado, verdad,
pero con el mismo entusiasmo y amor,
hoy te recorro una vez mas.

Hola querida, ciudad
que pena verte, ¿que podría hacer por ti?
daría uno a uno mis poemas
para hacerlos cemento
para hacerlos pintura, barniz, madera.
Seria con gusto una farola
un adoquin, un ladrillo.

¿Que te han hecho estos maleantes?
Te destruyeron de una punta  a otra
miro a tus esquinas y no te reconozco.
No eres la misma de la foto
que llevo en mi cartera de amuleto
y enseñe a medio mundo orgulloso de ti?

Hablaban de invasiones externas
que nunca llegaron, y en cambio
estas como recién salida de una guerra.
¿Donde están los tantos años de gloria
que pregonaban ellos?
Eres la mejor prueba para condenarles
ellos son tus asecinos,
tus saqueadores, tus piratas, tus caníbales.

¿Donde esta la arboleda de aquella calle?
¿Donde nuestro parque tan querido?
¿Donde los edificios que no veo
pareces una encia donde faltan piezas
y las que quedan están careadas,
enfermas y sucias?
¿Donde están los salvadores,
que prometieron darte larga vida
de placer y bienestar?

Ya ni la pequeña calle Paula se llama Paula.

¿Pero que han hecho a mi ciudad?
Por allí veo unos hoteles nuevos
que a gritos quieren salir de tu paisaje.
Algunas casas de la Vieja Ciudad remodelada
muy bonitas por cierto, pero vacías.
¿Pero donde están todos?
El enardecido pueblo dueño de todo esto.
“No puede entrar”, como le decían a Guillen.

Sabes que te amo, ciudad,
y tanto amor me duele.
Me duelen los que premiaron a la muerte
esa misma muerte que siempre derrotabas.
Quiero hacerte realidad los sueños rotos
devolverte algo de lo que te robaron,
al menos irme tranquilo, de volver a ver tu risa.
De ver como te opones a la muerte
con la vertical muralla de tu alegría.

Ahora comprendo, cuanto has sufrido
en silencio, mirando como te extirpaban
la vida poco a poco.
Ahora se que aun estas por tu firmeza
tu voluntad de hierro
que aunque quisieron
con sus maquinas destructoras
con sus ejercitos de comejen ratas y cucarachas
no pudieron borrarte del mapa.

Por fin soy un alfiler de tus entrañas
huellas de mi ser y mi memoria
recorren las arterias de tus calles.
Hicimos el amor, como entonces,
en el muro, en la ventana, en la torre
en la esquina, en la plaza, en la escalera. 
Se desangro en orgasmos mi poema
y tu, como entonces cambiaste cada ruina
por carcajadas de esperanzas.

Mientras descansas ciudad, mientras olvidas.

Junio 05


domingo, 13 de mayo de 2018

HABANERA - POEMA DE FRANCISCO MORAN

Habanera
La tarde se desangra sin quejidos
sobre el muro radiante de pobreza:
corteja los laureles, su tibieza,
arde en los mediopuntos malheridos.
Atrás quedan los últimos latidos
de la luz que murmura su pereza:
tras la rosa persiste la certeza
del dolor y la ausencia repetidos.
Ya Neptuno ha rendido su tridente
y la mar sus maneras desafina.
Ya se calla un balcón desmemoriado,
y se rasgan las sedas y las fuentes.
Mas la torpe belleza se avecina
en reguero de luz por Empedrado.

Francisco Morán (del libro Tolle et Lege, inédito) 

jueves, 2 de febrero de 2017

EN EL DULCE NOMBRE DE MARIA

Estos poemas, aparecen en el libro "Isla Sola" 2002 dedicado al centenario de Dulce María Loynaz. Aquí una selección con aquellos poemas que me llevaron a dedicarle el libro, por su centenario, por lo que significo su persona y su obra en mi ultima etapa en Cuba, y mis primeros años en España. Por nuestras Islas.



¿HACIA DÓNDE VAS DULCE MARÍA?

¿Hacia dónde vas río de plata
llevándote en la claridad del agua
el rostro de la luna sola
y el silencio de la voz del alba?

¿Hacia dónde vas ola que vuelves
espuma de mar, flor de lo breve?
Te quedas poesía en los rincones
como lluvia y como nieve,
arpegio manantial de donde fluyen
soledades que pueblan los paisajes
con tu canto de siempre.

¿Hacia dónde vas Dulce María?
dama de la palabra humana
íntima armonía de lo eterno

esperando el amor tras las ventanas.

PEQUEÑA CONVERSACIÓN CON DULCE MARÍA LOYNAZ
ACERCA DEL RÍO ALMENDARES

Su nombre musical conserva
este río que ya no sabe
hacia donde fluye.
¿Juegos de agua?
el río aunque parezca que se va, siempre se queda.
¿Hacia dónde se han llevado
la finura de su pie y su talle.?

Nunca digas qué mano te lo arranca
tampoco de qué piedra de tu pecho nace,
ya no es aquel ladrón de las miradas.
Reposar en sus orillas, los pies en el agua
era toda gloria revivida.

Este que aún pasa bajo los cansados puentes
endereza su cauce huyendo de los vertidos
que envenenan sus cristales.
Ya no es aquel,
pasamos deprisa por su lado
intentando no respirar
como si a doscientos pasos más allá
el aliento de la ciudad no fuera igual.

Restauremos el río mejor que la casa
aunque nunca pague nadie para verle.

Ya no serás iluminada, patria
no bebas las estrellas de ese río,
eso fue en otro tiempo
cuando las estrellas jugaban en su espejo
y el agua era encantada.

DIVAGACIONES

a Dulce María Loynaz

En el jardín las rosas mañana se marchitarán
solo en mi alma perdurarán por siempre
primaveras las alas color de eternidad.


¿Sabes acaso qué es la sombra inquieta?
mariposa veloz que acaricia el aire
y con un beso tierno, en cada rosa explora.
Para ti lo mismo, la sed enamorada de la fuente
el sueño de la gota por ser mar.

Amar ser la música de cada estrella
reposo de roca, nube que pasa
serenidad de agua, fragilidad de lluvia
lágrima de ojos ajenos, sufrir en otros pechos
y con las manos llenas de un amor sin odio
derrochar esa luz de verde incandescencia.

Más lejano, cada vez más lejano,
corazón inclinado
los años huyen sin poder atraparlos,
temo que se lleve aquello que tanto amo
temo irme yo, sin saber como dejarlos.

Y todo es divagar, presentir, alucinar
la alargada sombra estirada y lejana
viene a morir a mis pies y el otro extremo
toca casi aquella costa que hoy añoro.
Sólo la sombra viaja como el sueño
y puede tocar lo que mis dedos tienen prohibido.

¿Puede volverse estrella un beso?
sólo lo sabes tú, jardinera y poeta
oficios que solo entienden
los que suelen hablar con las estrellas. 

ESPERANZADO

                                          Basado en una idea original
                                                     de Enrique Loynaz.
Una y otra vez
he puesto mi corazón entre tus manos,
y al suelo áspero y duro
lo has dejado caer.

Hoy una vez más
lo he vuelto a levantar
y lo he puesto entre tus manos
nuevamente,
y otra vez lo has dejado caer.

Pero al menos
esta vez
te has quedado observándolo
un instante,
y eso basta. 

FLOR


a Flor Loynaz
¿De qué polvoriento rincón salieron tus palabras?
viva flor de poesía, las rosas todas no te alcanzan
mujer de “ojos desmesuradamente abiertos...”
guardas con recelo las cositas de tu madre
hablas en tus versos de cosas insignificantes
mas ocupan en tu corazón de mano fría
los eslabones rotos de una cadena oxidada y en desuso.

Todo sea por tu nombre, eternidad de los jardines
para la flor: olor, color y candor, y para mí tú sola,
disparando cariñosamente poemas con Dulce María.
Tú que sabes de tías que son personajes inolvidables
yo te invito a que escuches a la mía decir sin igual la poesía:
  "Rosas, rosas a mis dedos crecen"
conmovidos y ausentes como preludios insomnes,
en el jardín donde sobreviven el framboyán y la flor de pascua.
Hablemos de los perros que nos acompañan siempre
de sus ladridos sinceros a la medalla de la luna.
Por la ironía y la ternura batiendo las mismas alas
el instante petrificado en el verso
para servir de leña a cualquier corazón con frío.

¿De qué polvoriento rincón salieron tus palabras?
viva "flor" de poesía.

CONVERSACIÓN CON DULCE MARÍA ACERCA DE LOS ÚLTIMOS DÍAS DE UNA CASA


Para hablar a solas contigo
flor de poesía que nunca supo marchitar
es imprescindible este silencio pegajoso
“este extraño silencio: sin perfiles, sin aristas,”
y saber que hablas de ti misma
cuando la casa habla en primera persona.

Casa soy, serpentina de colores
flotando en el aire de la risa de todos
sombría en las tardes de verano
cuando el sol afuera encendía las hogueras
y venían todos a mi portal buscando cobijo
maldiciendo la humedad que arruinaba las pinturas
agradecidos del frescor de limonada fría de mis ventanas

En mi vejez de casa cargada de recuerdos
gimen entre la luz y la sombra
la alegría y la tristeza de los que me habitaron,
todavía el eco de sus voces retumba en mis adentros
haciéndome cosquillas nostálgicas en el corazón
y una extraña multitud de ausencias
recorre el alma descascarada de mis cimientos.

Afuera ha crecido la cuidad llena de venas nuevas
que me circundan y me miran con ojos asustados.
Yo los comprendo, me admiran
en medio de tanto infierno vertical de cemento y acero.
Ahora cualquier cristal vale más
que los rudos dedos de los albañiles
esculpiendo la piedra.

¡Ah, regresa ese  recuerdo que me atormenta!
aquella grieta primera, aquel pedazo de cornisa
que se llevó el temporal.

“Cemento perforado, el mundo se nos hace de cemento”.
Yo cada día comprendo menos a esos hombres
que se empeñan en vivir agrupados
amontonados unos sobre otros en bloques iguales
que solo se distinguen por un número.
Ya no crean ciudades nuevas, y se empeñan
en venir todos a demoler nuestra memoria
nuestra tímida memoria
de piedras que eran del entorno.

¿A dónde se han llevado los muebles?
¿Dónde está el espejo que nos devolvía siempre
la tristeza de nuestros rostros en los terribles días,
y la alegría, aquella felicidad de los días alegres?
Muebles que llegaron un día y hasta dijeron
que de aquí nunca se irían.
¿A dónde se los han llevado?

Ni de puntillas veo el campo,
hace mucho que no respiro el aliento del mar.
Todo mi horizonte es cemento reciclado
esas casas nuevas son todo mi horizonte
algunas son hermosas, lo reconozco,
pero bajo sus cimientos se hunde el eco sordo
de la historia de otra casa que, como ella,
habitó a sus anchas el espacio
y no le robó a ninguna el hueco de su historia.

Recuerdo el día que vinieron
y ampliaron dos habitaciones a mi costado.
Esas piedras nuevas no conocían el lenguaje de la tierra
según ellas, perfectamente cortadas,
las hacen máquinas,
son huecas y ligeras, esbeltas y firmes.
Piedras que también le han robado su historia
a otras piedras anteriores,
que el hombre las hace arena
para que una máquina sin corazón las vuelva piedra.

Los ladrillos de mis tabiques, todavía recuerdan
las manos del alfarero, los hornos calientes,
mis ventanas son casi árboles
Solo los poetas me comprenden,
solo los poetas
y aquellos arquitectos que aún se estremecen
cuando la brigada de demoliciones
golpea eficientemente las paredes
y cada golpe sobre la pared más firme
da en su corazón.
textos en cursiva de D. M. Loynaz

domingo, 10 de julio de 2016

ERA DURO EL INVIERNO


        Fantasma de Julián del Casal
no te parece que hoy es demasiado tarde.
Mientras se acostaban juntos
en Bélgica en su cuarto y eran
novios tormentosos
Verlaine el joven y Rimbaud el niño
tú escribiste sudoroso cegato
tú escribiste sacrificio es obtener
ventaja sobre Dios.
          Cifrada está la lengua desde entonces.
La Habana era La Habana
no Cantón ilusivo.
Los primeros tumbos del amanecer
siguen llegando al cuerpo.
Como antes traspasan las paredes de tiza
y el cuerpo está nadando sin molestar
a nadie
sin tocar a nadie.
          Sostuviste una conversación
a media lengua -- siempre a la mitad --
los desvaídos rostros que miraban a dónde
con recelo
los labios que volaban y quizás
no sepa nunca quién me ama.
          Ciertas visiones te asustaron
a la puerta del cuarto en Mercaderes
donde estuve por cierto a punto de vivir
y festejar los novecientos siglos
de tu muerte súbita
o la muerte que tengo adormecida
en la calle de Zanja
frente a dos o tres chinos
con los ojos perdidos
y la cabeza ida.
          No te parece que hoy es demasiado tarde.
          Cuando se preparaban las citas 
en el Prado
y los hombres se miraban
como los relámpagos dormías
remoto disfrazado
dejándote adular bajo el cielo de Cuba.
          Ahora estás entre la luz
y en Guane o Artemisa como un vaho
como un cero a la izquierda
en la vida de los vivos
y los muertos.
Fantasma de Julián del Casal
no me dejes este frío a mí.

Sigfredo Ariel (tomado de La Gaceta de Cuba, UNEAC, septiembre-octubre de 1993, p.14).

martes, 24 de marzo de 2015

PENSAMIENTOS EN LA HABANA

Porque habito un susurro como un velamen, 

una tierra donde el hielo es una reminiscencia, 
el fuego no puede izar un pájaro y quemarlo 
en una conversación de estilo calmo. 
Aunque ese estilo no me dicte un sollozo 
y un brinco tenue me deje vivir malhumorado, 
no he de reconocer la inútil marcha 
de una máscara flotando donde yo no pueda, 
donde yo no pueda transportar el picapedrero 
o el picaporte a los museos 
donde se empapelan asesinatos 
mientras los visitadores señalan 
la ardilla que con el rabo se ajusta las medias. 

Si un estilo anterior sacude el árbol, 
decide el sollozo de dos cabellos y exclama: 
my soul is not in an ashtray. 
Cualquier recuerdo que sea transportado, 
recibido como una galantina
 de los obesos embajadores de antaño, 
no nos hará vivir como la silla rota 
de la existencia solitaria que anota la marea 
y estornuda en otoño. 
Y el tamaño de una carcajada, 
rota por decir que sus recuerdos están recordados, 
y sus estilos los fragmentos de una serpiente 
que queremos soldar sin preocuparnos 
de la intensidad de sus ojos. 

Si alguien nos recuerda 
que nuestros estilos están ya recordados;
 que por nuestras narices no excogita un aire sutil, 
sino que el Eolo de las fuentes elaboradas 
por las que decidieron que el ser habitase en el hombre, 
sin que ninguno de nosotros dejase caer 
la saliva de una decisión bailable, 
aunque presumimos como las demás 
hombres que nuestras narices lanzan un aire sutil. 
Como sueñan humillarnos, 
repitiendo día y noche con el ritmo de la tortuga 
que oculta el tiempo en su espaldar: 
ustedes no decidieron que el ser habitase en el hombre; 
vuestro Dios es la luna contemplando 
como una balaustrada al ser entrando en el hombre. 
Como quieren humillarnos le decimos 
the chief of the tribe descended the staircase. 

Ellos tienen unas vitrinas y usan unos zapatos. 
En esas vitrinas alternan el maniquí 
con el quebrantahuesos disecado, 
y todo lo que ha pasado 
por la frente del hastío del búfalo solitario. 
Si no miramos la vitrina, 
charlan de nuestra insuficiente desnudez 
que no vale una estatuilla de Nápoles. 
Si la atravesamos y no rompemos los cristales, 
no subrayan con gracia que nuestro hastío 
puede quebrar el fuego y nos hablan del modelo viviente 
y de la parábola del quebrantahuesos. 

Ellos que cargan con sus maniquíes 
a todos los puertos y que hunden en sus baúles 
un chirriar de vultúridos disecados. 
Ellos no quieren saber que trepamos 
por las raíces húmedas del helecho 
—donde hay dos hombres frente a una mesa; 
a la derecha, la jarra y el pan acariciado—, 
y que aunque mastiquemos su estilo, 
we don't choose our shoes in a show-window. 

El caballo relincha cuando hay un bulto 
que se interpone como un buey de peluche, 
que impide que el río le pegue en el costado 
y se bese con las espuelas 
regaladas por una sonrosada adúltera neoyorquina. 
El caballo no relincha de noche; 
los cristales que exhala por su nariz, 
una escarcha tibia, de papel; 
la digestión de las espuelas 
después de recorrer sus músculos encristalados 
por un sudor de sartén. 
El buey de peluche y el caballo oyen el violín, 
pero el fruto no cae reventado en su lomo 
frotado con un almíbar que no es nunca el alquitrán. 
El caballo resbala por el musgo 
donde hay una mesa que exhibe las espuelas, 
pero la oreja erizada de la bestia no descifra. 

La calma con música traspiés 
y ebrios caballos de circo enrevesados, 
donde la aguja muerde porque no hay un leopardo 
y la crecida del acordeón elabora una malla de tafetán gastado. 
Aunque el hombre no salte, suenan bultos divididos 
en cada estación indivisible, 
porque el violín salta como un ojo. 
Las inmóviles jarras remueven un eco cartilaginoso: 
el vientre azul del pastor se muestra en una bandeja de ostiones. 
En ese eco del hueso y de la carne, 
brotan unos bufidos cubiertos por un disfraz de telaraña, 
para el deleite al que se le abre una boca, 
como la flauta de bambú elaborada por los garzones pedigüeños. 

Piden una cóncava oscuridad donde dormir, 
rajando insensibles el estilo del vientre de su madre. 
Pero mientras afilan un suspiro de telaraña 
dentro de una jarra de mano en mano, 
el rasguño en la tiorba no descifra. 
Indicaba unas molduras 
que mi carne prefiere a las almendras. 
Unas molduras ricas y agujereadas 
por la mano que las envuelve 
y le riega los insectos que la han de acompañar. 
Y esa espera, esperada en la madera 
por su absorción que no detiene al jinete, 
mientras no unas máscaras, 
los hachazos que no llegan a las molduras, 
que no esperan como un hacha, 
o una máscara, sino como el hombre 
que espera en una casa de hojas. 
Pero al trazar las grietas de la moldura 
y al perejil y al canario haciendo gloria, 
l'etranger nous demande le garçon maudit. 

El mismo almizclero conocía la entrada, 
el hilo de tres secretos se continuaba 
hasta llegar a la terraza 
sin ver el incendio del palacio grotesco. 
¿Una puerta se derrumba porque el ebrio 
sin las botas puestas le abandona su sueño? 
Un sudor fangoso caía de los fustes 
y las columnas se deshacían en un suspiro 
que rodaba sus piedras hasta el arroyo. 
Las azoteas y las barcazas resguardan el líquido calmo 
y el aire escogido; 
las azoteas amigas de los trompos 
y las barcazas que anclan en un monte truncado, 
ruedan confundidas por una galantería disecada 
que sorprende a la hilandería y al reverso del ojo 
enmascarados tiritando juntos. 
Pensar que unos ballesteros disparan a una urna cineraria 
y que de la urna saltan unos pálidos cantando,
porque nuestros recuerdos están ya recordados 
y rumiamos con una dignidad muy atolondrada 
unas molduras salidas de la siesta picoteada del cazador. 

Para saber si la canción es nuestra o de la noche, 
quieren darnos un hacha elaborada en las fuentes de Eolo. 
Quieren que saltemos de esa urna 
y quieren también vernos desnudos. 
Quieren que esa muerte que nos han regalado 
sea la fuente de nuestro nacimiento, 
y que nuestro oscuro tejer y deshacerse 
esté recordado por el hilo de la pretendida. 
Sabemos que el canario y el perejil hacen gloria 
y que la primera flauta se hizo de una rama robada. 

Nos recorremos y ya detenidos señalamos la urna 
y a las palomas grabadas en el aire escogido. 
Nos recorremos y la nueva sorpresa nos da los amigos 
y el nacimiento de una dialéctica: 
mientras dos diedros giran mordisqueándose, 
el agua paseando por los canales de los huesos 
lleva nuestro cuerpo hacia el flujo calmoso de la tierra 
que no está navegada, 
donde un alga despierta digiere 
incansablemente a un pájaro dormido. 
Nos da los amigos que una luz redescubre 
y la plaza donde conversan sin ser despertados. 

De aquella urna maliciosamente donada, 
saltaban parejas, contrastes y la fiebre injertada 
en los cuerpos de imán del paje loco 
sutilizando el suplicio lamido. 
Mi vergüenza, los cuernos de imán untados de luna fría, 
pero el desprecio paría una cifra 
y ya sin conciencia columpiaba una rama. 
Pero después de ofrecer sus respetos, 
cuando bicéfalos, mañosos correctos 
golpean con martillos algosos el androide tenorino, 
el jefe de la tribu descendió la escalinata. 
Los abalorios que nos han regalado 
han fortalecido nuestra propia miseria, 
pero como nos sabemos desnudos 
el ser se posará en nuestros pasos cruzados. 

Y mientras nos pintarrajeaban 
para que saltásemos de la urna cineraria, 
sabíamos que como siempre 
el viento rizaba las aguas y unos pasos seguían 
con fruición nuestra propia miseria. 
Los pasos huían con las primeras preguntas del sueño. 
Pero el perro mordido por luz y por sombra, 
por rabo y cabeza; de luz tenebrosa que no logra grabarlo 
y de sombra apestosa; 
la luz no lo afina ni lo nutre la sombra; 
y así muerde la luz y el fruto, la madera y la sombra, 
la mansión y el hijo, rompiendo el zumbido 
cuando los pasos se alejan y él toca en el pórtico. 
Pobre río bobo que no encuentra salida, 
ni las puertas y hojas hinchando su música. 
Escogió, doble contra sencillo, los terrones malditos,
pero yo no escojo mis zapatos en una vitrina. 
Al perderse el contorno en la hoja 
el gusano revisaba oliscón su vieja morada; 
al morder las aguas llegadas al río definido, 
el colibrí tocaba las viejas molduras. 
El violín de hielo amortajado en la reminiscencia. 
El pájaro mosca destrenza una música y ata una música. 
Nuestros bosques no obligan el hombre a perderse, 
el bosque es para nosotros una serafina en la reminiscencia. 
Cada hombre desnudo que viene por el río, 
en la corriente o el huevo hialino, 
nada en el aire si suspende el aliento 
y extiende indefinidamente las piernas. 

La boca de la carne de nuestras maderas 
quema las gotas rizadas. 
El aire escogido es como un hacha 
para la carne de nuestras maderas, 
y el colibrí las traspasa. 
Mi espalda se irrita surcada por las orugas 
que mastican un mimbre trocado en pez centurión, 
pero yo continúo trabajando la madera, 
como una uña despierta, 
como una serafina que ata y destrenza en la reminiscencia. 
El bosque soplado desprende el colibrí 
del instante y las viejas molduras. 
Nuestra madera es un buey de peluche; 
el estado ciudad es hoy el estado y un bosque pequeño. 
El huésped sopla el caballo y las lluvias también. 
El caballo pasa su belfo y su cola por la serafina del bosque; 
el hombre desnudo entona su propia miseria, 
el pájaro mosca lo mancha y traspasa. 

Mi alma no está en un cenicero.

Jose Lezama Lima

CHICO BUARQUE EN ESPAÑOL (ALBUM SOÑADO)

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