viernes, 24 de octubre de 2014

Mr. Bean Insertado en Retratos Históricos

El ilustrador y caricaturista Rodney Pike, muestra sus excelentes habilidades de fotomanipulación en estas hilarantes inserciones del querido personaje Mr. Bean en retratos históricos. Es una divertida sorpresa descubrir la expresiva cara del británico, asomándose desde un sombrero de plumas, una cabeza de largos cabellos dorados, o el reconocible retrato de George Washington.

Pike combina magistralmente los colores, la iluminación y la textura con el fin de incorporar a la perfección la cara del personaje de Rowan Atkinson en los retratos tradicionales, asegurándose de que las porciones editadas compartan la misma calidad pictórica que las obras de arte originales. Además de esforzarse en que cada imagen sea lo más convincente posible, Pike también añade detalles extra para hacer su manipulación digital aún más encantadora, como la aparicióm furtiva de un par de bragas o la marca del oso de peluche de Mr. Bean. (tomado de Cultura inquieta)













sábado, 18 de octubre de 2014

ALAS LIBRES

Reviso con minuciosa serenidad
cada palabra que fuga de mi
y va a parar al papel pantalla en blanco
desde el teclado que mis dedos golpean,
Nina Simone canta en mis oídos viejos
Okan eyo, enredos de mi corazón
me sumo al aplauso grabado al fondo
desde cualquier palmada de 1974.

Entre el dolor y el placer
sangró poemas Vallejo
monolítico espíritu poético
llenó de tinta su corazón atormentado
para que un día como hoy
me deleitara leyéndole
mientras el mundo aun gira
en su monotonía constante.

Desato mi alma de las cosas
prefiero alas libres
a una ventana con persianas y rejas
desde donde el mundo
ha de verse rallado como un tigre feroz
como una cebra mansa que huye.
Cruzando Abbey Road
como un Beatles solitario
crucificado en mi mismo
por una palabra que insiste
en no llegar,

aun.

martes, 7 de octubre de 2014

LA MAGIA DE LA MUSICA

Una tarde de primavera decidí abrir mis sentidos a ese mundo que despierta con los primeros rayos del sol y, acompañado por M. y nuestros nietos,  fui al parque de la ciudad con la intención de disfrutar del sol después de un invierno largo y duro como solo en New York había conocido en un viaje familiar en la Navidad de hace ya muchos años.

El parque Common de Boston era un hervidero de paseantes. Las inmensas praderas de hierba estaban tomadas por los niños jugando béisbol o haciendo carreras con sus bicicletas por los caminos que recorrían el parque. Las parejas de enamorados se fotografiaban junto a los arriates de tulipanes y rododendros, mientras unos jóvenes gimnastas ofrecían sus malabarismos más espectaculares y arriesgados, y las ardillas se acercaban a la gente con la seguridad de no ser agredidas. El lago central del parque era un pequeño mar, cuyas aguas, surcadas por embarcaciones pintadas de blanco, réplicas de cisnes gigantescos, se deslizaban suavemente por el agua movidas a pedales por un capitán musculoso y alegre ocupado en hacer placentero el paseo a sus pasajeros. En una pequeña isla, una pareja de cisnes blancos posados sobre su nido de hojas incubaban sus huevos, ajenos a los curiosos, protegiendo bajo sus alas su más preciado tesoro. En el parque flotaban todo tipo de sonidos con un aire festivo, mientras el sol, burlando la altura de los edificios que lo rodean, iluminaba el lago y acentuaba los colores de las praderas y los vestidos primaverales de los que paseaban sin prisa.
Y por encima de todos los sonidos, la voz de un joven, posiblemente uno de tantos estudiantes que cursan sus estudios de música en la Universidad de Berklee que, acompañado por su guitarra eléctrica, y situado bajo la sombra de uno de los árboles centenarios junto al lago, ponía su música a aquella imagen festiva de domingo a cambio de algunos dólares que, con cierta frecuencia, los paseantes depositaban en el interior de la funda de su guitarra.
La música lo llenaba todo a pesar de ser emitida desde un pequeño amplificador sobre el que reposaba una Coca-Cola light. El repertorio seleccionado por el músico lo definía: canciones que el tiempo ha convertido en clásicas y que con los años siguen despertando en nosotros momentos y emociones irrepetibles de décadas pasadas, aunque intuí que él sentía cierta debilidad por la música de Paul Simon y Art Garfunkel: “Bridge Over Troubled Water” “Mrs. Robinson”… El nivel de murmullos de la gente que ocupaba el parque, descendió en el momento de escuchar “The Sound of Silence”… Yo también sentí una emoción especial.
Mientras los niños jugaban cerca de nosotros, sentado en un banco pensé cómo sería el parque sin gritos de niños, ni graznar de patos, ni el ruido sordo de las ardillas al triturar las cortezas de los frutos secos que les lanzaba alguien tratando de atraerlas para inmortalizarlas en una fotografía. Y sobre todo, cómo sería el parque sin la música de aquel joven cantando canciones de Dylan, Beatles o Simon & Garfunkel. Por unos minutos, mientras contemplaba a la gente que paseaba frente al banco donde yo estaba, me tapé los oídos con las manos y llegó el silencio. Entonces, el parque se convirtió en un museo inanimado, sin vida, cuyas figuras, como sacadas de un museo de cera, pasaban frente a mí como maniquíes vestidos para una fiesta y perdidos en ese escaparate gigantesco que era el parque Common. Las embarcaciones se deslizaban por el lago en una deriva, aparentemente  sin gobierno, mientras sus pasajeros gesticulaban y reían sin sentido ni motivo alguno, como si se tratara de una película de cine mudo. Y sentí miedo. Entonces retiré las manos de mis oídos y todo tomó sentido de nuevo: Los gritos de los niños, el rumor del viento en las copas de los árboles, el graznido de los patos en el lago, el ruido de los aviones que, con cierta frecuencia, cruzan el cielo de Boston rozando las antenas de los edificios que bordean el parque, y sobre todo, la música. Volvió a sonar la música interpretada por aquél joven, sin la que, aquél día, solo por unos minutos, el parque no fue el mismo. Ni yo tampoco.
Texto de Jose Luis Perales, tomado de su blog.

lunes, 29 de septiembre de 2014

ANFITEATRO DEL PARQUE LENIN

El Anfiteatro. Quizás una de las edificaciones más atractivas del Parque Lenin lo fuera el anfiteatro con un escenario flotando sobre el embalse de agua que centra el complejo. Proyectado por Hugo D´Acosta y Mercedes Álvarez, esta obra constituyó un tributo tropical a los anfiteatros griegos y romanos. Los asientos para el auditorio fueron construidos con bloques de piedra caliza tallada en forma de sillas y butacas, y entre ellos crecía la hierba en forma controlada a modo de ambientación natural








jueves, 11 de septiembre de 2014

CONSTERNACIÓN POR EL CRIMEN DE N.Y.

CONSTERNACIÓN POR EL CRIMEN DE N.Y.
ENTRE LORCA Y ALBERTI

¡Como escupe veneno de bosque
por la angustia imperfecta de Nueva York!
F.G.Lorca

Aquí no baja el viento,
se queda aquí en las torres
en las largas alturas,
que un día caerán,
batidas, arrasadas de su propia ufanía.
R. Alberti

No hay razón, no hay odio, no hay locura
que justifique una mínima injusticia
el niño que arranca las alas de las mariposas
el otro que pisa insistente las hormigas
la autopista donde tu vida vale menos de un segundo
el albañil sin su casco, el loco en el escenario
el dictador en su tribuna.

No hay silencio sin pupilas asustadas
temores de poetas minusválidos
cuidad desplomada hasta su sombra.
Una sola lágrima vale más que todo el cielo
parpadeos terribles emigran por mis dedos
sangre sobre sangre coagulada en mi garganta
mudo de luz escribiré el poema
abierto al ayer besaré tu boca.

Septiembre-01

martes, 9 de septiembre de 2014

RAICES QUE RECLAMAN SU ESPACIO

Esta la tome en mi calle, en 2010, ya practicamente no queda acera. esto se repite a lo largo de toda la calle.

El resto de las fotos vienen de un post con igual nombre de "Cultura inquieta"









viernes, 5 de septiembre de 2014

DÉCIMAS A VALIENTE

DÉCIMAS A VALIENTE


Intentaré usar tu espada
sin pretender ser valiente,
solo tu verso es cimiente
de la más pura tonada.
En mi mente está grabada
luz que tu alma expandía,
te vi llegar cada día
a la puerta de mi casa
ya estaba el café en la taza
y en el aire la poesía.

Envuelto en tu sentimiento
meditabundo callabas
y en tu mente se forjaba
la rima en el pensamiento.
Describiendo el sufrimiento
del pueblo con tu mensaje
se desdibujo el paisaje
para colorearse luego
cuando tu verso de fuego
era el arma en el combate.

En ti admiré esa virtud
que solo el poeta posee,
ver lo que otro no puede
y en palabra hacerlo luz.
Ejemplo en mi juventud
las décimas que enviaste
y con ellas nos dejaste
abrigo para el invierno
recuerdo que ya es eterno
sin tiempo que lo desgaste.

Y aunque no lo apuntaste
repite el verso “al amor”
que te dictó el corazón
(ese día no improvisaste)
La luz dices, divisaste
de estrella que madre es, 
no importa saber qué fue
qué pasó en aquel segundo
el mayor amor del mundo
te aplaudió, puesto de pie.

Más otro verso me hiere
muy dentro del corazón
mi abuela, desde el sillón
hablando con las paredes.
Captaron tus poéticas redes
que su corazoncito anciano
enviaba hasta lugar lejano.
Y en décimas describiste
contándonos que le viste
lagrimeándole la mano.

Valiente, yo te agradezco
el verso en el agua fría
veinte años después, poesía
en todas partes padezco;
fuiste mi mejor maestro
sin que yo lo comprendiera,
ahora cuantas cosas diera
por sentarme a conversar
siempre podrás contestar
al tema que yo prefiera.

Cuando se murió tu hermano
se te quebró tu mitad
muchos, te vimos andar
como medio ser humano.
La muerte te dio su mano
sentiste su tacto frío,
te miraste un día en el río
con un dolor tan profundo
pues quedaste en el mundo
como un espejo vacío.

San Antonio dijo adiós
a su poeta un buen día
se quedo sin poesía
y hasta el río enmudeció.
Pero luego comprendió
que estabas en todas partes
en las calles, en los parques,
el tres, el punto cubano,
el olor del café, el habano
y en la palma de los valles.

Los años siguen su hastío
la vida marcha adelante
nos quedará recordarte
y ver tu espacio vacío.
Estés donde estés te envío
estos versos sin espinas
sabrás perdonar mis rimas
lo que vale es el intento
dejaré mi voz en el viento
donde la tuya le anima.

O.Perez / julio 2002

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