Por qué razón hoy creo que La Habana es mía
¿qué
piedra, qué adoquín, qué cornisa
duerme
con mis huellas en su vientre?
El
portón que mira fijamente
rejas
oxidadas, el muro desconchado,
las
grietas, los rotos vitrales de colores
tanques
de basura desbordados y las vecinas.
Fotos
sin otro remedio que mostrar la miseria
la
gente va arrastrando grises y penumbras
alguien
pasa montado en una bicicleta
y
un niño con sonrisa ingenua dice adiós.
Pasan
de largo las bellas muchachas
han
vuelto a soñar con un príncipe azul
con
pasaporte y acento extranjero.
Por
alguna razón desnivela el horizonte mi nostalgia
como
fuga de luz de sol a punto de morir,
desangrando
poemas que odian el bullicio
sumergido
en cada ola que golpea con furia
el
áspero muro que delimita la ciudad.
¿Qué
campanario, qué nombre de qué calle,
qué
rinconcito de mi Habana cenicienta?
2003 / DE SUSPIRO Y BARRO (AMAZON)
